La Alianza san Juan-María Vianney está formada por un grupo de voluntarios que se relevan por turnos de 24 horas para ayunar y rezar por el papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas y religiosos vivos y difuntos, y también en reparación por los ultrajes hacia la Eucaristía.

Todo el mundo puede encontrar su forma de colaborar 

Cada persona debe considerar cuáles son sus circunstancias y la gracia recibida por el Señor, para escoger uno o varios compromisos mensuales a favor del sacerdocio:


Elección n°1:
Ayunar según las prescripciones de la Iglesia
(2 colaciones y una comida ligera).
(1-2 días/ semana, como máximo)

Elección n°2:
El ayuno a pan y agua.
(1-2 días/ semana, como máximo)
Elección n°3:
Ofrecimiento de oración diaria por la santidad de los sacerdotes y consagrados, para aquellos que por motivos de salud ( u otros) no pueden ayunar.
A la derecha se proponen algunas oraciones, como la de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Paray-Le Monial o la del Cardenal Richards.
El ayuno de la Alianza tiene un carácter "esponsal"
 
Queremos vivir el ayuno con el espíritu de pedir al Esposo, al Señor, que venga especialmente sobre sus sacerdotes... siguiendo las palabras de Jesús en el Evangelio, cuando los fariseos preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no ayunaban... 
(Mc. 2, 18-20)
"Les respondió Jesús: ¿Es posible que los compañeros del esposo en las bodas ayunen, mientras que el esposo está con ellos? . Mientras tienen consigo al esposo, no pueden ellos ayunar. Tiempo vendrá en que les quitarán al esposo; y entonces ayunarán"
Así, cuando el cuerpo siente hambre, nos recuerda la urgencia de rogar para que las almas, especialmente las de los consagrados, tengan hambre de llenarse de Dios. 
La Alianza san Juan-María Vianney comenzó en España, en 2012, con un grupo de fieles laicos y un sacerdote que, convencidos de la fuerza del ayuno y
la oración por los sacerdotes, a la que nos llama la Iglesia, comenzaron a turnarse para ayunar a pan y agua, y sostener a un joven sacerdote que atravesaba momentos de dificultad.
 
NECESITAMOS VOLUNTARIOS QUE QUIERAN AYUNAR POR ESTA INTENCIÓN.
SI QUIERE COLABORAR PUEDE:

Ponerse en contacto con un sacerdote
( Padre Carlos Ruiz
655.398.668)

ó
 
Para inscribirse, conectar  por teléfono o por mail:
653.274.504
ó
alianza.sjmv@gmail.com
Puedes encontrarnos en Facebook: 

www.facebook.com/alliancesaintjeanmarievianney

En Francia desde el 2013

Los primeros miembros voluntarios franceses se presentaron el 2 de diciembre de 2014 a Monseigneur Dominique Rey, obispo de Fréjus-Toulon.
Tenemos el honor de haber recibido su bendición. Nuestro obispo nos asignó un capellán, el padre François-Régis de Joigny, con el fin de poder reunirnos cerca del Santísimo Sacramento y cerca de la reliquia de santo Jean-Marie Vianney, patrono universal de los sacerdotes.

El día de la bendición, un icono de ND de Claridad providencialmente se encontró en los brazos de uno de los miembros presentes. Sobre este icono el niño Jesús lleva la estola del sacerdote, como soberano y eterno sacerdote.

Es un don mutuo,

los sacerdotes se entregan para darnos a Dios, y nosotros nos damos a través de la oración y  el ayuno para protegerlos,  y pedir por su santidad

y su felicidad, en su vida terrena y eterna. 


Y ante todo, consolar el Corazón de Jesús,

Sumo y eterno sacerdote.

El espíritu de la Alianza San Juan María Vianney

Damos prioridad a las oraciones de alabanza y acción de gracias por el inefable don de la Eucaristía y del Sacerdocio, ofrecidas para sostener a los sacerdotes en su camino de entrega e identificación con Jesucristo. 

Ante los ultrajes y sacrilegios cometidos contra la Sagrada Eucaristía, en la que adoramos a Jesucristo, real, verdadera y sustancialmente presente, buscamos el ayuno y la Adoración para reparar y consolar el Corazón del Señor.

El ayuno, aunque pueda resultar costoso, se vive desde el gozo y la esperanza, y atrae la Misericordia hacia los sacerdotes, los religiosos, los diáconos, los seminaristas vivos o difuntos.

 

Rezamos, con espíritu agradecido, por todas las vocaciones que el Señor, el verdadero Dueño de la mies, ha dado a la Iglesia.
Rezamos tanto por los jubileos de ordenaciones sacerdotales como por sacerdotes que atraviesan momentos de especial dificultad, pidiendo a Dios que cada uno corresponda al proyecto de amor que Él tiene sobre ellos. 

El ayuno tiene un poder inmenso, superior a cualquier discurso. En palabras de S.S. S. Juan Pablo II enla Evangelium Vitae (n.100):

 “Jesús mismo nos ha mostrado con su ejemplo que la oración y el ayuno son las armas principales y más eficaces contra las fuerzas del mal (cf. Mt 4, 1-11) y ha enseñado a sus discípulos que algunos demonios sólo se expulsan de este modo (cf. Mc 9, 29). Por tanto, tengamos la humildad y la valentía de orar y ayunar para conseguir que la fuerza que viene de lo alto haga caer los muros del engaño y de la mentira [...] ”

 

Las intenciones por las que rezar son numerosas y urgentes.

¡Únete a esta gran cadena de ayuno y oración! ¡ De tu sí dependen cosas grandes, la conversión y santidad de tantas almas!
¡ Nuestros sacerdotes lo necesitan, nuestra Iglesia también!
Tu participación en esta cadena de ayuno, sea cual sea tu elección, dará siempre fruto bueno, Dios siempre la atiende, jamás será inútil.
Tu oración es muy necesaria.


Antes de ofrecérsela a Dios nuestro Padre, la Virgen Santísima purifica, perfecciona y completa nuestra oración y nuestro ayuno, siempre para la gloria de Dios.

Nos sentimos parte de una pequeña familia, dentro de la gran familia de la Iglesia; es una pequeña familia formada por personas que tienen en el corazón el mismo deseo, el de sostener a sus hermanos sacerdotes, diáconos, seminaristas y consagrados. Por ello, el pasado mes de junio consagramos especialmente a nuestros hijos difuntos al Señor, con el fin de que participen eternamente de la misión de rezar por este grupo de elegidos.

El milagro de Buenos Aires, en 1996,  

Los análisis mostraron que las células 

de la muestra estaban en movimiento, 

palpitaban y correspondían a tejido del 

ventrículo izquierdo del músculo del 

corazón de una persona de cerca de 30 

años; el tejido estaba mezclado con

sangre del grupo AB. 

Oración- ofrenda de la propia vida en favor del sacerdocio
 

Recibe, Padre Eterno,

nuestra inmolación unida

a la de tu Verbo Divino; 

queremos ser víctimas en favor de la Iglesia para que triunfe de sus enemigos y su reinado se extienda por todo el mundo.

 

Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que pides expiaciones,

víctimas y consuelo,

aquí estamos suplicándote

que nos aceptes,

aunque no lo merecemos.

Te ofrecemos, Padre amadísimo,

a favor de los sacerdotes

y por las manos purísimas

de María, la Sangre preciosa de Jesús, que purifica, redime y salva.

 

Ella compra las gracias,

paga las deudas, hace las vírgenes y conforta, regenera

y perfecciona a los sacerdotes.

 

Y tú, Espíritu Santo,

que tanto amas a la Iglesia

y que eres su alma y su vida, dígnate escuchar las súplicas que hacemos por esas almas escogidas que tanto amamos y respetamos.

 

Te lo pedimos por María Inmaculada, auxilio, amparo, consuelo, espejo y guía de todos los sacerdotes. Amén.

Guardia de honor del Sagrado Corazón (Paray-le-Monial)

Oración por los sacerdotes

(del cardenal Richard Cushing)
 

Dios Todopoderoso y Eterno,

mira con amor el rostro de tu Hijo

y por amor a Él,

que es el Sumo Sacerdote,

ten misericordia de tus sacerdotes.

 

Acuérdate, ¡oh! compasivo Señor,

que ellos son seres humanos, frágiles y débiles.  Remueve en ellos el don de la vocación que de modo admirable

se consolidó por la imposición

de las manos de tus Obispos.

 

Mantenlos siempre cerca de ti.

No permitas que el enemigo les venza, para que nunca se hagan

partícipes de la más mínima falta

contra el honor de tan sublime vocación.

Señor Jesús, te pido por tus fieles

y fervorosos sacerdotes así como por los sacerdotes infieles y tibios;

por los que trabajan en su propia tierra o los que te sirven lejos,

en lugares o misiones distantes;

por tus sacerdotes tentados,

por los que sienten la soledad, 

el tedio o el cansancio;

por los sacerdotes jóvenes

y por los ancianos, o aquellos

que están a punto de morir,

así como por las almas de los

que están en el purgatorio.

Pero sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes que más aprecio: 

el que me bautizó

o me ha absuelto de mis pecados;  aquellos a cuyas misas he asistido y me han dado Tu Cuerpo y Sangre en la Comunión;

los sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado y aquellos a quienes de alguna forma les estoy en deuda.

 

¡Oh Jesús!, mantenlos a todos cerca de tu Corazón y bendíceles abundantemente en el tiempo y en la eternidad. 

 

AMÉN.